El
roce no siempre hace el cariño. A veces ocurre todo lo contrario. Pasar juntos
muchas horas, bajo importantes dosis de tensión y estrés, hace surgir situaciones
puntuales de tensión y, en el peor de los casos, puede llegar a generar
verdaderas guerras abiertas entre compañeros.
Un
reciente estudio realizado por Universia revela que en el 88% de los casos las
empresas no reaccionan ante este tipo de situaciones, que, cuando se enquistan,
no sólo afectan a los trabajadores implicados sino que pueden deteriorar
ostensiblemente el ambiente de trabajo e incluso los resultados.
No
actuar no es una opción y, por ello, consultoras, expertos en recursos humanos
y empresas de asesoría se han esforzado por definir protocolos de actuación
específicos para afrontar esta clase de situaciones.
A
partir de sus recomendaciones hemos elaborado este decálogo de actuación para
jefes al mando de equipos en conflicto:
1.
Detectar el problema a tiempo y actuar sin demora. Si aprecia un conflicto en
el seno de su plantilla no ejerza de mero espectador. Los expertos de Monster
advierten de que "un conflicto no resuelto puede convertirse en algo
peor". Así que afronte el problema y reúna a los empleados lo antes
posible para intentar atajarlo.
2.
Vea el problema con perspectiva amplia. Un conflicto entre dos trabajadores
dentro de un grupo de trabajo puede no limitarse a ellos dos, puede suscitar
adhesiones y terminar creando una lucha entre bandos con consecuencias muy
negativas. Téngalo en cuenta a la hora de actuar.
3.
No imponga la paz. Irrumpir en medio de una discusión entre sus empleados o
subordinados obligándoles a callarse y centrarse en su trabajo no solucionará
los problemas. Cree la atmósfera adecuada, espera al momento más apropiado,
reúna a las personas en conflicto y hágales ver que esa reunión se celebra para
resolver un problema.
4.
Tenga clara la solución. Antes de reunirse con sus empleados, infórmese. Trate
de entender la naturaleza del conflicto e idee una solución. Deje que se
expresen, escuche sus puntos de vista, pero no sea comprensivo con sus razones.
No tome partido. Recuérdeles que ambos tendrán que ceder y cambiar su actitud
para resolver el problema.
5.
Incida en los objetivos comunes. Detectar los aspectos en los que los
antagonistas pueden estar de acuerdo es esencial para crear un buen clima de
negociación y le puede ayudar a alcanzar un diagnóstico compartido sobre la
naturaleza del problema.
6.
Muestre su optimismo. Haga ver a sus empleados que considera relativamente
sencillo llegar a un acuerdo para resolver el conflicto a poco que cada uno de
los trabajadores enfrentados ponga algo de su parte.
7.
Céntrese en el problema. Es vital que limite el debate a la cuestión laboral.
Ataje cualquier suspicacia, ironía o valoración de carácter personal que hagan
los implicados entre ellos. Hágales ver que el objetivo de la reunión es
resolver un problema de funcionamiento en el equipo de trabajo, no un conflicto
de carácter personal.
8.
Profesionalidad por encima de personalidad. Apele a la profesionalidad de los
empleados. Acepte que es normal que existan desavenencias entre personalidades
diferentes, pero hágales entender que no se puede permitir que éstas dificulten
el trabajo. No se trata de que uno u otro lleven la razón, sino de conseguir
que un grupo de trabajo funcione de forma correcta.
9.
Llegue a acuerdos y póngalos por escrito. Lo ideal sería alcanzar un acuerdo
compartido por todos, pero si no es así, intente arrancar al menos compromisos
parciales. Defina claramente una serie acciones específicas para mejorar el
funcionamiento del grupo de trabajo y póngalas por escrito para que no haya
lugar a cuestionarlas posteriormente.
10.
Realice un seguimiento de la situación. No dé por solucionado el problema.
Realice una evaluación periódico del éxito del proceso tanto a nivel individual
como colectivo, y si la situación mejora refuerce la sensación de éxito con
elogios verbales. Si no mejora...
Las
recomendaciones de la OIT.
Si
no mejora, tal vez tenga que adoptar decisiones en otro nivel. La Organización
Internacional del Trabajo ha diseñado un modelo de protocolo
de actuación para resolver conflictos dentro de los grupos de trabajo.
La
organización se muestra partidaria de la resolución de problemas por cauces
informales, en la línea del decálogo detallado anteriormente, con el argumento
de que son más rápidos, más flexibles, se adaptan a todo tipo de problemas, no
tienen límite temporal y restringen las discusiones al ámbito confidencial.
Sin
embargo, también recomienda la existencia de órganos formales de resolución de
conflictos en el ámbito de las empresas, principalmente las de mayor tamaño,
para afrontar los problemas internos.
El
organismo incluso prevé la opción de una junta de apelación ante la que poder
alegar si la resolución no se considerara justa.


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